marzo 28, 2010

El terremoto y los madrugadores de Concepción

En la madrugada de ayer sábado 27, justo un mes del cataclismo que azotara nuestra patria y particularmente la provincia de Concepción, acusamos recibo de la ayuda en alimentos no perecibles que en 21 cajas nos hiciera llegar la Comunidadde Madrugadores de Puerto Montt.

En la tarde, nos organizamos para llevar esta ayuda a las comunidades de Coronel y Lota, quienes resultaron particularmente afectados y quienes merecían recibir en mayor propiedad esa ayuda.

Lo cierto es que si bien el viaje se inició con la alegría que nos caracteriza, al llegar y ver el estado de esas comunas y las casas de algunos madrugadores, el corazón se nos sobrecoge y palpamos en personas concretas el desgarrador testimonio de hermanos que han perdido su casa, o en el mejor de los casos, que éstas están en condiciones deplorables, pero ellos y a pesar de ello, tienen una alegría y fortaleza interior que sólo viene de Dios y de María santísima.
Son muchas las imágenes que captamos, ahora les compartimos un video con las más impactantes.

Víctor Sáez, de Coronel, quien recibió a nombre de la comunidad de Coronel las cajas que no pudimos llevar a su domicilio, muestra los efectos de la grieta que quedó en sus muros y piso.

Sin duda que la casa de Pedro Conejeros fue la más afectada: una grieta que comienza en la calle le atraviesa toda la casa, cayéndose un muro, actualmente reemplazado con planchas de zinc.

Después nos trasladamos a Lota, y realmente quedamos afectados, un hermano Madrugador, Carlos, perdió su casa que en las imágenes se ve totalmente agrietada y no sólo eso, perdió su casa en Llico, caleta ubicada en la provincia de Arauco la que simplemente se la llevó el maremoto.



Sin duda que hay otros hermanos madrugadores afectados, de hecho se nos harán llegar imágenes de sus casas; creo que independientemente de la ayuda que es normal en estos casos, debemos pensar en hechos concretos que les permitan a nuestros hermanos damnificados enfrentar este difícil momento que les ha tocado vivir. De partida, nuestra ordación debe ser constante e insistente.

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